Raising Victor Vargas

Ayer por la noche fui al cine y aunque nada me latía sentía la obligación de ver ya sea El Aviador o Ray, que son las mas nominadas para los oscares. Pues eran las ocho de la noche cuando llegue a la taquilla y resulta que ambas empezaban hasta las diez. ¡Que flojera! Se que ambas deben estar bien hechas, pero todos sabemos que este tipo de cintas están realizadas especialmente para conquistar los oscares y después a la taquilla y la verdad no tenia ganas de complicarme la existencia con “biopics” como ahora les dicen, con rebuscadas vueltas de tuerca y fastuosas producciones que cuidan hasta la apariencia de la garganta de los actores; así que decidí no entrar y ver Largo camino a casa (Raising Victor Vargas) y esto fue lo que sucedió.

Largo camino a casa es una película canadiense realizada con el apoyo del Sundance Film Festival y su producción es tan ínfima que su pagina de internet ya caducó, la acción sucede en una de las zonas mas marginadas de la ciudad de Nueva York en un barrio poblado de latinos que viven en apretados y viejos edificios de departamentos y aunque a participado en festivales de cine con excelentes críticas no ha conquistado ningún premio importante ni se colocó en los primeros lugares de taquilla. ¿Entonces que tiene que ofrecer a comparación de El Aviador y Ray? ¡Mucho!

Es la historia de un joven de 14 años que aprende a dejar de ser joven y convertirse en hombre, casi sin querer y sin darse cuenta. Un día su reputación de “papichulo” se ve comprometida cuando se empieza a correr el chisme de que “se hecha” a su gorda y horrenda vecina del piso de arriba, así que para contrarrestar el infortunio decide ligarse a la chava mas sexy y linda del vecindario. Y aquí empiezan sus desventuras que inmiscuyen hasta a su hermano, en plena edad de la punzada, quién le pide ayuda con las mujeres, a su hermana clavada en el sillón frente a la tele y a su vieja y conservadora abuela que no tiene nada de tierna ni consentidora.

En esta película los latinos no son ni drogadictos, ni criminales; solo son gente real como uno, con virtudes y defectos, con problemas para vivir juntos unos con otros, pero en el fondo buenos de corazón. Con cámara en mano la historia se narra combinando a jóvenes actores con gente real logrando una verosimilitud que pocas veces se ve en el cine, con cero efectos especiales logran pasar de la risa al llanto y resolver sus problemas sin largos discursos sobre moral y libertad, logrando así una silenciosa tregua de respeto, confianza y todas esas pequeñas cosas que convierten nuestra casa en un hogar. Esto también es buen cine, aunque no este nominado al Oscar.


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