Arriañitú: Una lucha de gigantes… egos inflados.

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Atrás quedaron los días en que una pareja de artistas tomaron por sorpresa al cine mexicano y luego al internacional y se mostraban como una dupla exitosa que repetían éxito tras éxito. Alejandro González Iñarritú y Guillermo Arriaga habían dado ya a conocer su separación artística argumentando diferencias irreconciliables, pero nadie se imaginaba que las cosas estuvieran tan mal hasta que en la pasada entrega de los Oscares no se saludaron ni se dirigieron palabra alguna a pesar de que estaban a unos cuantos centímetros de distancia.


Al parecer los problemas se agravaron cuando Iñarritú decidió hacerle cambios trascendentales a la cinta, como el hecho de que una de las historias, la más superficial por cierto, se desarrolla en Japón mientras que en el guión se desarrollaba en España. Y el tiro de gracia en la relación quizás fue la prohibición de que Arriaga estuviera presente en la filmación de la cinta.

Por lo cual Arriaga ha mostrado su descontento cada vez que tiene la oportunidad y por lo que Iñarritú apoyado por su equipo de producción ha dado a conocer una carta que será publicada en una revista en los próximos días donde entre otras cosas le reclama a Arriaga su afán de protagonismo.


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Por su parte Arriaga a dicho públicamente en contestación a esta carta que su única preocupación es restablecer el papel de un escritor en una película y que le molesta que la trilogía formada por Amores Perros, 21 Gramos y Babel, sea conocida como la trilogía de Iñarritu siendo que considera que en parte también es de él y le pone punto final a la relación de ambos tanto de forma artística como personal.

¿Pero y quién sale perdiendo? Los dos. Allá por el año 2000 cuando la primera cinta de su colaboración apareció se cuestionó mucho el oficio de Iñarritú y se argumentó que sin un guión de Arriaga a la mano no sería capaz de levantar un proyecto igual de interesante, hecho que casi comprobó más adelante al participar en la cinta 9’11’01, formada por cortometrajes de diferentes directores de todo el mundo sobre el 9/11 y donde su participación fue la menos agraciada de todas con lo que muchos calificaron un comercial de 9 minutos de duración. Por lo que ahora, el director, sin su guionista de cabecera tiene el gran reto de ratificar su talento con su nuevo proyecto.

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Y por otro lado Arriaga, no la tiene tan fácil, puesto que aunque uno de sus guiones ha sido filmado por otro director con muy buenos resultados, hace un par de meses no le fue también con el estreno de El Búfalo de la noche en el festival de Sundance, en el que la cinta recibió fuertes criticas, la mayoría de ellas cimentadas en lo malo que es el guión y comprobando que dicha cinta, protagonizada por Diego Luna, es igual de aburrida y repetitiva que la novela en que se basa, del propio Arriaga. Por el momento esperaremos a que su próximo guión Dallas Buyer`s Club salte a la pantalla grande dirigido por Marc Forster y protagonizado por Brad Pitt.

Sin duda que el reto es grande para ambos ahora que sus caminos se separan, pero sin duda alguna ambos se deben mucho el uno al otro, después de todo… ¿Qué sería de uno sin el otro, si sus caminos no se hubieran cruzado allá por el 2000 y con la ayuda de muchos otros crearon una cinta que les dio a ambos fama internacional?

Comentarios

Bruno Packer dijo…
Totalmente de acuerdo. Ambos son de egos gigantescos. Más Arriaga que es un narcisista irredento. Basta ver como se autoplagia en Bobel.

Nunca me ha gustado la idea de Arriaga de que el escritor es el autor de la película. Mal, mal, mal. Justo cuando el cine es cada vez más visual y sensorial, con cosas que no se pueden escribir en papel. Saludos!

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