El Violín.


Si en las grandes ciudades de México la seguridad pública es bastante endeble, ¿qué será de todos aquellos mexicanos que viven en zonas rurales alejadas de la mano de Dios, donde no alcanza a llegar la justicia, la seguridad y la economía, allá donde con grandes esfuerzos apenas y se come, en aquellos lugares en el que no se conocen términos como derechos humanos y donde, por ende, la vida no vale nada? Una película esta recorriendo las salas del país para recordárnoslo.

Aunque en El Violín no se aclara nunca que se desarrolla en la época actual y aunque su historia podría identificarse en décadas pasadas, las pocas noticias que logran filtrarse en los noticieros, sobre las violaciones a los derechos humanos de indígenas y campesinos de diferentes áreas de México a manos del ejercito nacional, nos dan la pauta para identificar que la historia se desarrolla en la actualidad, lo cual la hace escalofriante, al poner el dedo en la llaga en uno de los grandes rubros que mas injusticias ha padecido en la historia del país, el campo y sus trabajadores, su eterna lucha por sobrevivir y sus constantes conflictos por proteger su patrimonio. Algo de lo que sin duda muy poco conocemos, en nuestra aparente segura y cómoda vida citadina.

Pero aunque muchos identifiquen esta cinta como una denuncia social, en la cinta no hay discursos ni política, hay una sencilla pero bien definida historia que se narra desde el primer minuto hasta el final, de la cual resulta imposible escapar. La historia de Don Plutarco, su hijo Genaro y su nieto Zacarías. Don Plutarco es un anciano violinista, al que por cierto le falta una mano, que recorre la zona acompañado de su hijo y su nieto, tratando de ganarse la vida a través de su música, pero ante un levantamiento armado que se avecina, en el que Genaro participa, el ejercito toma el control del pueblo de Don Plutarco y su familia, por lo que tienen que refugiarse en la sierra y mientras Genaro intenta reunir el mayor armamento posible e iniciar el fuego, Don Plutarco, con su música, intenta seducir al capitán que ha invadido su pueblo, intentando tener algún beneficio, estableciendo así con el capitán, una peligrosa relación; de esas de las que a veces no se sale bien librado.



Sin duda el alma de la cinta es Don Plutarco, interpretado por un anciano que no tenia experiencia alguna en la actuación, pero que gracias a la fuerza, sabiduría y templanza que le imprime de manera natural a su personaje, Don Ángel de Tavira, fue merecedor al premio a mejor actor en la categoría Una cierta mirada del Festival de Cannes 2006. Y no es para menos, aunque parezca un personaje inocente, detrás de sus ojos se dibuja una sabiduría y una malicia que solo los años y la experiencia dan y arma un plan para escapar de su aciago destino y ayudar a su familia, incluso, sin que el propio espectador se de cuenta. La sencillez con la que logra narrarle a su nieto, a la luz de una fogata, la historia de los conflictos del campo mexicano, desde tiempos inmemorables hasta la fecha, en forma de una leyenda, alcanza incluso tintes filosóficos. Su forma cruda, natural y realista de recitar sus líneas, convierten al trabajo de Don Ángel en una de las actuaciones mas honestas, entrañables e intensas del cine mexicano reciente.

La imagen de Don Plutarco montado en su burra, recorriendo el desolado paraje mexicano con su violín al hombro, debe de considerarse ya una imagen icónica del cine mexicano. Una imagen para la historia del cine en nuestro país.


El guión sencillo pero profundo narra la historia de manera lenta, quizás la única posible para esta cinta. Se trata de un guión inteligente, claro y totalmente realista, que lejos de enfrascarse en discursos, va directo a los hechos, se aleja de clichés y construye personajes identificables dentro del entorno mexicano, exprimiéndole una inesperada poesía hosca pero bella a terrenos áridos e infértiles. Este guión es un claro ejemplo que en nuestro país hay tantas historias que contar y que el gran drama mexicano, casi operístico, lejos de encontrarse en las grandes urbes, como la mayoría de las cintas no lo quieren endilgar, esta sobre el campo mexicano.


Aunque visualmente, resulte obvio que esta cinta se realizo con pocos recursos, lejos de ser un punto débil, le añade puntuación extra al ambiente y la rudeza de algunas de las imágenes ayuda a entender la desolación de los protagonistas.

Da gusto que proyectos así se filmen en México, lo que no me da gusto es que obtengan distribución casi de milagro y que se ponga en riesgo el que obras importantes lleguen a nosotros el público por no ser propuestas comerciales.

Ver El violín ha sido toda una experiencia, sorpresivamente disfrutada por todo el público presente, que a pesar de la trágica historia, la pureza y fuerza del personaje de Don Plutarco levantó entre todos los presentes tanto conmoción como carcajadas. Una obra inigualable que ningún mexicano debería perderse.

Yo opino: *****.

(El Violín, Francisco Vargas, México, 2005.)

Comentarios

Paola R. dijo…
Muuy buena!
no para todos los gustos y criterios.
Besos
Guffo Caballero dijo…
Me la han recomendado mucho. espero verla esta semana.
Saludos.
marichuy dijo…
Si, Luis estoy de acuerdo contigo: mi paisano -soy de Guerrero- Don Plutarco es el alma de esta muy buena película.

Saludos

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