Un terremoto nunca llega solo.

Anoche a la luz de las velas termine de leer el libro que ahora es mi favorito. Y no crean que lo leí bajo la luz de las velas para lograr un efecto más romántico, para nada, si no por que fuimos víctimas en el departamento de la CFE y ahora mientras aclaramos todo (ósea pagar) tendré que continuar así. El libro se llama Las Películas de mi vida del chileno Alberto Fuguet y bueno si, tengo que admitir que al principio me atrajo sólo por el título y después de un largo peregrinaje para conseguirlo y encontrar el último por casualidad en el rincón del sótano de una librería del D. F. pude comprender que el libro es muy bueno por varias razones y que no sólo habla de cine.

El protagonista es Beltrán Soler, un sismólogo chileno-californiano, que viaja de Chile a Japón, pero al hacer una escala en Los Ángeles pierde el avión y se enfrenta a un terremoto que remueve en su conciencia los recuerdos de tu atropellada niñez y la historia de su excéntrica familia. Así que mientras espera un nuevo vuelo y después de visitar un enorme video club donde encuentra las películas viejas que lo acompañaron durante su infancia, hace una exhaustiva lista de las películas que más lo marcaron en esos primeros años. De esa forma nos cuenta, dónde, con quién y cuándo vio cada una de esas 50 películas y como lo ayudaron a enfrentarse a una solitaria infancia, una dolorosa mudanza de Los Ángeles a Santiago de Chile, una familia cuarteada como su propia casa después de varios terremotos y el duro trance de convertirse en hombre.

Con bastante humor negro, vamos avanzando en la historia bajo un ritmo vertiginoso, como cuando alguien nos cuenta algo a prisa antes de que se le olvide.

Ni hablar, necesito leerlo de nuevo, aunque sea a la luz de las velas.

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