Checo Balboa.


Tan, tan, tan, tan… Tan, tan, tan, tan… Tan, tan, taaaaan.

Perdón pero cada vez que oigo hablar de Rocky no puedo dejar de tararear el estribillo que lo hizo famoso y que se escuchaba mientras corría y escalaba, entrenando en las calles de Filadelfia. Y es que con eso de que se estrenó hace unas semanas en México el programa El Retador (The Contender) donde Sylvester Estallone participa, le vuelve a uno la nostalgia y más cuando se confirma por fin que si habrá una sexta entrega de la saga titulada “Rocky Balboa”. Después de que el propio héroe retirado, se rehusaba diciendo que de haber una nueva cinta, en ella Rocky tendría que pelear contra la artritis, pero al parecer ya lo convencieron y quieren volver a la esencia independiente de aquella primera cinta de 1975.

Así que mi vecino de al lado, el Checo, a de estar bastante contento y no es para menos, recuerdo que ya eran los ochentas cuando todavía era víctima de la Rocky manía y aprovechaba la ausencia de sus padres para vestirse deportivamente, lo cual significaba ponerse sus pants, unos shorts encima, una camiseta de resaque y se enredaba una venda en la frente simulando una banda. Acomodaba su estereo, girándolo hacia la calle y ponía a todo volumen Eye of the tiger. Así que todos los paseantes o transeúntes que pasaban por la calle De la Cruz, allá en mi natal Frontera, podían escuchar el famoso tan, tan, tan, taaaaan, mientras se llenaban la incrédula vista con el Checo “entrenando”, ósea, golpeando una pera imaginaria y colgándose de la estructura del portón para reventarse unas abdominales invertidas y probar su fuerza bruta… Aún sin saber, que al día de hoy, a sus treinta y tantos, seguiría desempleado y soltero en aquel entonces ya lo considerábamos un looser… un looser con aspiraciones deportivas. Ese era el poder del Rocky Balboa sobre los adolescentes, preadolescentes y pre-niños... menos sobre mí.

Que flojera eso del deporte, cada vez que me levantaba y recordaba que ese día tendría “Actividades Extracurriculares” (ósea Educación Física) o ridículares como les llamábamos, me asomaba a la ventana y deseaba con todas mis fuerzas que lloviera y así no nos pudieran sacar a las canchas. Es que la verdad era bastante humillante, enfundarte en un uniforme deportivo que parecía de marinerito, amontonados todos los hombres en un sanitario publico de secundaria publica que apestaba a adolescentes y dándome cuenta por que el hombre es el sexo fuerte… de olor. Para luego tratar de cumplir con el incoherente entrenamiento de una maestra que parecía estar en constante periodo y nos hacía sudar a más no poder, para después volver a un salón de clases con cincuenta personas con sudor y tierra pegada a la piel tratando de seguir las subsecuentes clases y de paso tratando de disimular el olor.

¡Por eso odiaba el deporte! Ni siquiera cuando vi el Rocky vengando a su amigo el negro y reventándole la jefa al guey ruso ese, que se inyectaba esteroides para estar mas fuerte, como si no existiera ya el Pancho Pantera, en una función de cine escolar en un salón de clases y con la Maestra Leonarda con su amenazante enorme regla de madera vetando las escenas impúdicas, me hacía desistir de mi odio, ni me contagiaba de ganas de correr, sudar y triunfar deportivamente… aunque siempre me daban ganas de noquear a la maestra de ridículares.

En fin, que bueno que el Balboa estará de regreso al igual que el Rambo, pero eso lo dejamos para otro post, uno donde les cuente como el Checo se pintaba músculos por todo el cuerpo.

Comentarios

Anónimo dijo…
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Ruth dijo…
Muchas gracias por la vista a mi space y sobre todo por tu comentario ;-)

Veo que tu interes es por el cine, en horabuena!!

SalU2!!
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